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Lectura para cuarentena 8: MONT SAINT MICHEL

La magia existe

Lectura para cuarentena 8: MONT SAINT MICHEL
Lectura para cuarentena 8: MONT SAINT MICHEL
Lectura para cuarentena 8: MONT SAINT MICHEL
Lectura para cuarentena 8: MONT SAINT MICHEL

Quien haya visto alguna imagen del Mont Saint-Michel difícilmente pueda olvidarla.

PP-928

Ese islote rocoso de apenas 4 km2 sosteniendo una fortaleza medieval coronada por la estatua dorada de San Miguel, en la aguja de una abadía a 170 metros de altura, logra confundir fantasía con realidad.

La naturaleza en movimiento dos veces al día aleja 18 kilómetros las aguas que rodean el monte. El fenómeno aporta al ya enigmático lugar una atmósfera de misterio que mantiene viva la leyenda del destino más popular de Francia tras la Torre Eiffel en París.

Desde 1979 declarado Patrimonio de la Humanidad por Unesco, el Mont Saint-Michel se ubica en el estuario del río Couesnon que divide la región de Bretaña y la de Normandía descargando sus aguas en el Canal de la Mancha. Por capricho de la naturaleza, que modificó el cauce del río, finalmente la isla del Mont Saint-Michel quedó en Normandía. Por autopista se tarda unas cuatro horas y media desde París. 

Los libros dan cuenta de que los orígenes de la abadía actual deben remontarse al siglo VIII, cuando el obispo de Avranches, San Aubert, construyó y consagró una primera iglesia el 16 de octubre del año 709.  La leyenda cuenta que San Miguel Arcángel se le apareció tres veces en sueños al prelado indicándole que debía erigir el templo en ese sitio. Luego, ya en el siglo X, fueron los benedictinos quienes se instalaron en el Monte y no parararon de construir la mayor parte de lo que vemos hoy. Esa congregación abandonó el lugar como consecuencia de la Revolución Francesa a fines del XVIII y el Mont Saint-Michel se convirtió en prisión de unos trescientos sacerdotes que se negaban a a la nueva constitución civil del clero. En 1966 algunos benedictinos volvieron a la abadía, aunque en el años 2000 fueron reemplazados por las Fraternidades de Jerusalén provenientes de la Iglesia de Saint Gervais en París.

La entrada al islote es el comienzo de su calle central, La Grande Rue. Corre paralela a las murallas y lleva directo a la abadía. Como en el resto de la isla, las casas son típicas medievales, con pan de bois y paredes y carpinterías en escuadras imperfectas, diríamos que vencidas por el tiempo.

Si algo contribuyó a construir la fama y misterio del Mont-Saint-Michel son sus espectaculares mareas. Dos veces por día la diferencia entre marea baja y marea alta es de 15 metros. Eso hizo que el sitio fuera una fortaleza inexpugnable. Durante siglos sólo podía llegarse por tierra cuando la marea estaba baja ya que el agua la separaba 4 kilómetros de la costa. Algunos pocos días al año la fortaleza queda totalmente aislada por unos 45 minutos. Desde la construcción de un puente sobre pilares el Mont Saint-Michel dejó de ser del todo una isla y puede accederse a él por esa vía.

Destino

París

 

París, una de las ciudades más bellas del mundo, la más visitada, y probablemente la más romántica de las que pueblan el planeta, hace honor a su fama y no defrauda a nadie que acude a visitarla, sin que más bien, a la hora de partir el viajero siente tener que partir, y lamente no disponer de más tiempo (o dinero) para volver en seguida o quedarse más tiempo en una ciudad mágica, con un encanto especial que se percibe en cada esquina, cada plaza, o simplemente en cada uno de sus cafés.

 A diferencia de otras grandes ciudades europeas, París no tiene un "centro" definido alrededor del cual se expande la ciudad, más bien todo París es "centro", y esto es debido a que París no ha ido absorbiendo las pequeñas ciudades que se encontraban a sus afueras, sino que estas han mantenido su independencia administrativa pese a que el límite entre una de estas pequeñas ciudades y la gran ciudad de París es tan solo un paso de peatones. Este hecho de permanecer "encerrada" desde hace tiempo hace que todo París tenga un aspecto antiguo y clásico, y que un paseo por París sea un paseo por un lugar donde el tiempo no parece existir, donde pese al bullicio y al movimiento propio de una de las ciudades más importantes del mundo el visitante tendrá la sensación de encontrarse en un lugar que no ha cambiado durante décadas o incluso siglos.  

El sobrenombre de "Ciudad de la Luz" se debe a que Paris fue la primera ciudad en dotar a sus calles y edificios importantes de luz eléctrica, lo que causó admiración en todo el mundo, aunque este nombre también podría deberse perfectamente a que Francia, y en concreto París, ha sido también la luz del mundo y ciudad adelantada a su tiempo como muestra el hecho de que aquí se fraguaron los derechos del hombre, y los principios de libertad, igualdad y fraternidad, principios que aún hoy no están presentes en muchos lugares del mundo.

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